CARTA DE CUMPLEAÑOS PARA MI AMIGO ANGEL PABLO
Imagen de Adaljisa Cornieles
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Amigo mío...
Hoy quisiera escribirte una carta muy original. Diferente en esencia y en estilo a las que he escrito, a lo que te he dicho. Una carta original, sin desencantos, sin la más mínima equivocación ni borrón.

Ni una gota de tristeza que humedezca el papel, ni una nota discordante desafinando el mensaje. Que al leerla tu corazón palpite más rápido, tus ojos brillen más y tus labios sonrían conmovidos. Una carta sencilla, espontánea, que te haga un poco más feliz y realizado. Sin duda es mucha pretensión, pero es lo que quisiera porque te quiero mucho.

Quisiera llenar el sobre de flores, de estrellas, de sonrisas, de palabras significativas que vayan al nivel de tu bondad. Quisiera colocar dentro de ese sobre los corazones que te aprecian incondicionalmente y que hubiera una fiesta íntima para celebrar el acontecimiento. Aún más: quisiera que este recado llegara el día de tu cumpleaños, ni antes ni después. En la hora precisa, en el día exacto. ¿Me hará quedar mal el correo?

Para ser original no he comprado ningún regalo para darte. Las tiendas no tienen nada nuevo. Las tarjetas de cumpleaños no cambian, todo es siempre igual, repetido. Por eso he resuelto darte algo que nadie más te puede dar, ¡porque no está en el almacén! ¡Porque no cabe en una tarjeta! Mi regalo de cumpleaños es lo que tengo de más precioso porque es un poco de mí misma. Es una llavecita especial que abre el cofre interior donde se encuentra lo que hay más puro, verdadero, sagrado y personal... Esa llavecita no es de oro pero tiene un valor inmenso porque va unida a la voluntad de hacer sólo el bien, ayudar, no perturbar nunca. Si quieres, puedes llamarla AMISTAD.

Que esta felicidad que te auguro te acompañe siempre. Que sea todavía mayor cuando juntos agradecemos al Padre por tu existencia recordando el día que naciste. ¡Qué bueno que existes! Qué bueno que eres tan importante para mí y qué maravilloso el bien que plantas a lo largo de tu camino. Bendito sea Dios por todo, por el don de tu vida, de modo particular.

En el cielo cosecharás un día las sonrisas que hiciste florecer con profusión aquí en la tierra. Recibe mi abrazo, mis oraciones y mi inmensa gratitud. Si no existieras habría vacío en la tierra, en el mundo, en la vida, en el tiempo y en la eternidad. Estoy segura que Dios afirma, sonriendo, todo lo que acabo de decirte...

Roque Sheider.