La aplastante victoria de Macri deja al kirchnerismo herido de muerte.
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El apoyo en las urnas permite al Presidente argentino afrontar un plan de reformas económicas para el que busca el mayor consenso posible.

La victoria en las legislativas (parciales) del «equipo» (palabra convertida en DNI del oficialismo) de Mauricio Macri supone el mayor revés sufrido por el kirchnerismo y su «lideresa». Cristina Fernández (Unidad Ciudadana) asumió, a su modo, la derrota: «No nos alcanzaron los votos», reconoció. Pese a las evidencias, la mujer que mantuvo el poder absoluto durante ocho años consecutivos, se resiste a aceptar que su futuro en el horizonte político se perfila color de hormiga y en el judicial, con un tono castaño oscuro.

Aquellos ejércitos de jóvenes militantes que jaleaban al matrimonio Kirchner y las mayorías absolutas en el Congreso y el Senado, que se presentaban como «soldados de Cristina», ya forman parte del pasado. El presente de la nueva Argentina de Mauricio Macri les ha hecho ver que, para desconsuelo suyo, la historia que se escribe estos días no les tiene ni les tendrá como protagonistas.

El Domingo por la noche, cuando «Cristina» salió a hablar, el recuento de mesas que figuraba en pantalla era del 98,15%. Esteban Bullrich, el candidato de Cambiemos, superaba el 41% y CFK, siglas por las que aún se identifica a la ex Presidenta, se quedaba con algo más del 37%. La viuda de Néstor Kirchner estaba obligada a digerir públicamente su fracaso en la Provincia de Buenos Aires, donde, pese a todo, había logrado retener uno de los tres escaños que había en juego. El trago era más amargo de lo esperado. La diferencia de cuatro puntos con Bullrich, el hombre que, posiblemente, concentre el mayor porcentaje de características que no debe tener un candidato, le debió de resultar insultante. Tanto, que ni siquiera se puso al teléfono cuando éste la llamó para felicitarla por su participación. Al fin y al cabo, ella había quedado en segundo lugar y compartiría con él y Gladys González, su compañera de «fórmula» en Cambiemos, un espacio en el Senado.

Llamamiento a la unidad

La viuda de Néstor Kirchner, genio y figura hasta donde el peronismo no te acompaña (la sepultura), no tardó en proclamarse el referente de la oposición. Llamó a la unidad, en torno suyo, a sus dos ex Ministros, Sergio Massa (1País) y Florencio Randazzo (Partido Justicialistas), con resultados lamentables, de solo algo más de 11 por ciento y 5 por ciento respectivamente. Su invocación cayó en saco roto.

Cristina Elisabet Fernández, de 64 años, interpretó que «la sociedad ha elegido qué modelo de oposición quiere» (ella) y con la chuleta o «machete» a la vista, algo que se atribuye a las directrices de Antoní Gutiérrez Rubí, su asesor español de campaña, consagró Unidad Ciudadana como «la base de la construcción de alternativa a este Gobierno». Atenta a que el nuevo escenario tiene una equivalencia razonable con el que presenta un certificado de defunción política, se adelantó: «Aquí no se acaba nada. Hoy, aquí, empieza todo».

En ese todo está su resistencia a la resignación o los manotazos de ahogada de una persona que, en rigor, el desafío al que se enfrenta es el de evitar perder sus fueros y terminar entre rejas.

Radicalmente opuesto es el de su sucesor en la Casa Rosada. La palabra clave, al día siguientes de las elecciones, que pronunció una y otra vez Mauricio Macri fue: reforma. El Presidente de Argentina convocó a la liga de Gobernadores (frente de caudillos que tiempo atrás tuvo gran poder) en busca del mayor consenso para meter el bisturí a un sistema tributario desproporcionado, lavarle la cara a una legislación laboral ultraproteccionista y asfaltar los caminos para que el país vuelva a ser, como en sus mejores épocas, competitivo y atractivo para las inversiones.

Macri, satisfecho con unas elecciones que fortalecen su liderazgo, advirtió de que todo se hará sin prisa pero sin pausa. En el más puro estilo de Cambiemos, advirtió de que la sacudida será «gradual» para evitar situaciones traumáticas.

El bolsillo, la víscera más sensible del ser humano según los economistas, es lo que obliga al Presidente de Argentina a dar estos pasos pendientes. La inflación pasó de 40% del año anterior a algo más del 20 en este. La reducción es importante pero el día a día sigue siendo un camino de sudor y lágrimas para los ciudadanos.

En rueda de prensa en la Casa Rosada, Macri destacó la necesidad y posibilidades que tiene Argentina de recuperación económica pese a estar de nuevo en la senda del crecimiento. «No tienen que tenerle miedo a las reformas porque representan la posibilidad de crecer». Consciente de que, pese al triunfo en las urnas, no tiene mayoría absoluta en ninguna Cámara, rescató la plataforma de los obernadores, peronistas y no peronistas, al considerarlos «jugadores importantísimos. Hemos hablado con ellos» y «esperamos que se sumen de todos los partidos». Con «el diálogo» por bandera se propuso «generar las herramientas que le den la convicción a cada argentino de que le va a ir bien». Todo un desafío.

Menem y Kirchner, dos peronistas y un destino, el Senado

El destino de los ex Presidentes peronistas parece terminar en una butaca del Senado para evitar los efectos de la justicia. En esa Cámara es donde volverán a verse las caras Carlos Saúl Menem y Cristina Fernández. Ironías del destino: los dos perdieron las elecciones, pero lograron uno de los tres escaños en liza en Buenos Aires y La Rioja, respectivamente. Menem, de 87 años, se quedó a tres puntos de su adversario en Cambiemos (Cristina, cuatro abajo). El ex Presidente que acometió las reformas estructurales más importantes de la democracia encarna el futuro que posiblemente le espera a su correligionaria: cumplió cuatro meses en arresto domiciliario.

Fuente: Carmen de Carlos - Corresponsal en Buenos Aires - 23/10/2017